viernes, 29 de junio de 2007

Seducción

Hace ya bastantes años, cuando Catherine Fulop empezó a salir con el "Ova" Sabatini, le hicieron una larga entrevista en la revista Viva donde hablaba de esa relación. Me quedó grabado algo que dijo cuando la periodista le preguntó, más o menos, qué le había visto al Ova o qué tenía él de especial. Cito de memoria:

-Mira, me acuerdo que la primera vez que nos acostamos, él se sacó la ropa, la dobló y la colgó en una silla. Eso me mató. Pero cuando me dije "este es el hombre con el que me voy a casar" fue al otro día, cuando lo vi lavándose los calzoncillos.

Queremos Paz





El rincón del soltero empedernido no puede estar completo sin algo para mirar. Arranco con un clásico: Paz Vega, bellísima actriz española a quien descubrimos en Lucía y el sexo (2001), intrincada película de Julio Medem donde no escondía nada. Arrobados por la perfección de esta señorita -que encima sabe actuar-, alquilamos una serie de títulos españoles mucho más pedorros (El otro lado de la cama, Di que sí, no sigo porque me da vergüencita) sólo porque ella figuraba en el reparto. Los fans de Almodóvar la recordarán en la película muda que aparece en un momento de Hable con ella. También trabajó en una olvidable comedia en inglés con Adam Sandler, llamada Spanglish, probablemente por insistencia del propio Sandler.

Claro, una chica como ésta nunca será nuestra vecina (y si lo fuera, ante ella nuestro IQ descendería bajo el nivel del mar). Pero soñar no cuesta nada.

jueves, 28 de junio de 2007

Conducta en los eventos

Este ensayo de Enrique Lynch (en Prosa y circunstancia, 1997) se llama "Breve instrucción para sobrevivir a un cóctel literario" pero es aplicable también a eventos de otro tipo, e incluso adaptable a una fiesta común y silvestre. Transcribo los párrafos más jugosos para aprender a caretear:

"La llamada Cultura es una corporación, o sea, es una estructura de cierta complejidad, organizada según jerarquías sutiles que se rompen o se atemperan o se hacen excepcionalmente permeables durante la breve ocasión de una fiesta corporativa como el cóctel literario. La gente suele concurrir a este tipo de celebraciones con la excusa de que es una buena ocasión para reencontrar 'a los
amigos', pero en realidad lo que busca es disfrutar -y ahí cae uno en una trampa que puede resultar mortal- de la relativa y efímera horizontalidad democrática que se establece entre los concurrentes: en un lapso de un par de horas, los vínculos dentro de la corporación parecen entablarse en una relación de igualdad y de accesibilidad que en el fondo es falsa..."
"De entrada, quien domina mejor el campo es aquel que, como en el juego del GO, cierra un espacio del local como si fuera propio y una vez instalado allí recibe, conecta, rechaza o puede ser asediado por otros. (...) Hay que procurarse un sitio privilegiado en un punto ubicado lejos de la entrada al recinto, nunca en el centro del local y, de ser posible, próximo a alguno de los rincones, desde donde pueda uno controlar de un solo vistazo la situación del terreno. El ocupante ha de colocarse de espaldas a la pared y de pie (la pose ridícula con la copa enfundada en servilleta en una mano, por desgracia, parece casi inevitable). Jamás se ha de permanecer sentado, salvo que así lo aconseje la propia edad o la nacionalidad del invitado. He observado que, a modo de excepción, los extranjeros homenajeados acostumbran a sentarse para consolidar su carácter de outsiders con relación a la concurrencia o quizá para subrayar así su superioridad. Mantenerse estable en un punto le permite a uno escoger a quién va a saludar con sólo orientar la mirada y le sirve asimismo para determinar con bastante precisión quién está evitando entrar en contacto con uno. Si se da el caso de que, por alguna razón, uno es concurrente asiduo de una de estas reuniones de periodicidad fija, lo aconsejable es que el sitio a acotar sea siempre el mismo, con objeto de ser rápidamente localizado por amigos y enemigos".

"Si no se consigue ocupar ninguno de estos lugares más favorables porque suelen ser muy pocos y son dominados rápidamente, o porque no se cuenta con un aura especial o no se goza de la relevancia corporativa suficiente como para convocar rápidamente a un pequeño círculo de incondicionales que marque el territorio liberado alrededor de uno, se ha de encarar alguna de las siguientes tácticas de movilidad relativa. La más común es la que podríamos llamar peripatética o de slalom porque consiste en un desplazamiento constante y frenético entre los grupos de personas sobre la base de movimientos ágiles de cadera y torsión del tronco. Esta táctica requiere que el convidado posea grandes dotes mundanas, agilidad mental y muy buena memoria para reconocer a cada individuo (o hacer como que lo conoce) por su nombre, por su ocupación y, si acaso, por el color de su plumaje, y un dominio razonable de la retórica de cóctel que se utiliza en las conversaciones y que, como me apuntó una vez Alejandro Rossi, nunca pasa de los siete minutos..."

"Las tácticas preferidas por los individuos de menor talla (física, profesional, mundana, etc.), y que también suelen ser empleadas por los tímidos y los maleducados -que a menudo suelen ser los mismos- y, en ocasiones, por aquellos que concurren al cóctel por obligación, por necesidad de conseguirse un trabajo, por miseria espiritual, por soledad (éstos en número siempre creciente) o por mera curiosidad morbosa de observar el aquelarre, son variopintas y, en ocasiones, muy ingeniosas".

"Entre las más comunes están: la táctica de buscar a los amigos para formar corrillo y rancho aparte; la táctica de la alianza circunstancial con la propia pareja, que sirve como recurso de última instancia para no quedar desamparado o para intercambiar informaciones que pueden resultar importantes en la ejecución de alguna operación; y la táctica de la simulación, que consiste en charlar animadamente, incluso con exageración, aunque sea con algún pelmazo o, si es preciso, con algún miembro del personal del llamado catering para dar la impresión de estar a gusto y perfectamente integrado en el ambiente".

"Por último, hay una modalidad extrema que no por excéntrica deja de ser efectiva y que, según el caso, resulta muy aconsejable para la propia sobrevivencia. Me refiero a la táctica llamada 'de los diez minutos', muy eficaz, que consiste en entrar resueltamente y con absoluta puntualidad al cóctel, buscar al anfitrión y si es necesario también al agasajado, efectuar con efusividad los parabienes de rigor, y enseguida dar dos o tres vueltas al recinto para asegurarse que uno ha sido visto por la concurrencia, para luego desaparecer discretamente al cabo de diez minutos..."

"De todas maneras, ninguna de estas tácticas es del todo fiable. El único modo seguro de quedar libre de los inconvenientes, tribulaciones y trastornos secundarios que suelen ocasionar los cócteles literarios y, a todas luces, el procedimiento más recomendable para la buena salud espiritual de uno mismo, es no asistir, sobre todo cuando no se tiene ninguna necesidad de ello".

Mi vecina


Pared por medio, en un departamento casi idéntico al mío, vive mi vecina. Nunca recuerdo su nombre. Como yo, vive sola y algunas veces nos cruzamos en el ascensor, o salimos al mismo tiempo. Es amable, sin llegar a "canchera", y siempre tiene algo para decir o contar. Yo me muestro igualmente amable, aunque sin ganas de ir mucho más allá.

Debe tener un par de años más que yo, aunque nunca se lo preguntaría. No es fea, es una de esas mujeres "ni": que no llegan a llamar la atención ni a resultarme atractivas. Cuando nos encontramos comparto su charla generalmente banal, que a veces disfruto, sobre todo cuando chusmea sobre gente del edificio. Se la nota habladora, es simpática, pero la verdad es que no me interesa (tampoco creo que yo le interese demasiado).

Por otro lado, difícil sería mantener una relación con alguien para quien resulta muy fácil invadirte. Una de las paredes laterales de su monoambiente corre pegada a la del mío; me apuré a cubrirla de muebles para apagar los ruidos. De tanto en tanto, cuando alguien la visita, me llega algún murmullo de su conversación. Supongo que lo mismo debe pasar del otro lado.

Imaginate: unos mimos y enseguida surgiría en ella ese sentimiento de propiedad tan femenino; comenzaría a chequear mis horarios, preguntar qué estuve haciendo. Y lo que es peor, después de pelearnos tendría miedo de encontrármela en el pasillo.

miércoles, 27 de junio de 2007

El Soltero Empedernido

Pasan los años y uno se descubre un soltero empedernido. No importa si la responsabilidad es propia o ajena: hay que asumir la propia condición, y dejar de pensar como "estacionales" o "por el momento" condiciones que uno carga consigo desde hace mucho tiempo. La soltería es como una casa que uno piensa ocupar por poco tiempo, y entonces trata de no adornarla, no hacerla demasiado confortable, porque parte del objetivo es abandonarla. Pero llega un momento en el que descubrimos que estamos viviendo incómodos. Mejor reconocer, entonces, que vamos a seguir ahí, y tratar de pasar mejor nuestra estancia. Consideren este blog un equivalente de esa planta que compramos para darle alegría a la casa, pero que a la vez transfiere responsabilidad a quien la habita.

Esta es mi primera experiencia en blogs y noto que hay muchos, quizá demasiados. También que el propio mundo bloguero suele ocupar un espacio importante en ellos. Trataremos de no ser ombliguistas y ofrecer algo entretenido e interesante para cualquiera que quiera leer, sea soltero, soltera o curioso nomás.Por ahora, eso. A modo de definición: rondo los 40 años, vivo en Buenos Aires, soy soltero y me gusta serlo. Vivo solo, me estoy malacostumbrando... Pero la paso bien.