jueves, 28 de junio de 2007

Conducta en los eventos

Este ensayo de Enrique Lynch (en Prosa y circunstancia, 1997) se llama "Breve instrucción para sobrevivir a un cóctel literario" pero es aplicable también a eventos de otro tipo, e incluso adaptable a una fiesta común y silvestre. Transcribo los párrafos más jugosos para aprender a caretear:

"La llamada Cultura es una corporación, o sea, es una estructura de cierta complejidad, organizada según jerarquías sutiles que se rompen o se atemperan o se hacen excepcionalmente permeables durante la breve ocasión de una fiesta corporativa como el cóctel literario. La gente suele concurrir a este tipo de celebraciones con la excusa de que es una buena ocasión para reencontrar 'a los
amigos', pero en realidad lo que busca es disfrutar -y ahí cae uno en una trampa que puede resultar mortal- de la relativa y efímera horizontalidad democrática que se establece entre los concurrentes: en un lapso de un par de horas, los vínculos dentro de la corporación parecen entablarse en una relación de igualdad y de accesibilidad que en el fondo es falsa..."
"De entrada, quien domina mejor el campo es aquel que, como en el juego del GO, cierra un espacio del local como si fuera propio y una vez instalado allí recibe, conecta, rechaza o puede ser asediado por otros. (...) Hay que procurarse un sitio privilegiado en un punto ubicado lejos de la entrada al recinto, nunca en el centro del local y, de ser posible, próximo a alguno de los rincones, desde donde pueda uno controlar de un solo vistazo la situación del terreno. El ocupante ha de colocarse de espaldas a la pared y de pie (la pose ridícula con la copa enfundada en servilleta en una mano, por desgracia, parece casi inevitable). Jamás se ha de permanecer sentado, salvo que así lo aconseje la propia edad o la nacionalidad del invitado. He observado que, a modo de excepción, los extranjeros homenajeados acostumbran a sentarse para consolidar su carácter de outsiders con relación a la concurrencia o quizá para subrayar así su superioridad. Mantenerse estable en un punto le permite a uno escoger a quién va a saludar con sólo orientar la mirada y le sirve asimismo para determinar con bastante precisión quién está evitando entrar en contacto con uno. Si se da el caso de que, por alguna razón, uno es concurrente asiduo de una de estas reuniones de periodicidad fija, lo aconsejable es que el sitio a acotar sea siempre el mismo, con objeto de ser rápidamente localizado por amigos y enemigos".

"Si no se consigue ocupar ninguno de estos lugares más favorables porque suelen ser muy pocos y son dominados rápidamente, o porque no se cuenta con un aura especial o no se goza de la relevancia corporativa suficiente como para convocar rápidamente a un pequeño círculo de incondicionales que marque el territorio liberado alrededor de uno, se ha de encarar alguna de las siguientes tácticas de movilidad relativa. La más común es la que podríamos llamar peripatética o de slalom porque consiste en un desplazamiento constante y frenético entre los grupos de personas sobre la base de movimientos ágiles de cadera y torsión del tronco. Esta táctica requiere que el convidado posea grandes dotes mundanas, agilidad mental y muy buena memoria para reconocer a cada individuo (o hacer como que lo conoce) por su nombre, por su ocupación y, si acaso, por el color de su plumaje, y un dominio razonable de la retórica de cóctel que se utiliza en las conversaciones y que, como me apuntó una vez Alejandro Rossi, nunca pasa de los siete minutos..."

"Las tácticas preferidas por los individuos de menor talla (física, profesional, mundana, etc.), y que también suelen ser empleadas por los tímidos y los maleducados -que a menudo suelen ser los mismos- y, en ocasiones, por aquellos que concurren al cóctel por obligación, por necesidad de conseguirse un trabajo, por miseria espiritual, por soledad (éstos en número siempre creciente) o por mera curiosidad morbosa de observar el aquelarre, son variopintas y, en ocasiones, muy ingeniosas".

"Entre las más comunes están: la táctica de buscar a los amigos para formar corrillo y rancho aparte; la táctica de la alianza circunstancial con la propia pareja, que sirve como recurso de última instancia para no quedar desamparado o para intercambiar informaciones que pueden resultar importantes en la ejecución de alguna operación; y la táctica de la simulación, que consiste en charlar animadamente, incluso con exageración, aunque sea con algún pelmazo o, si es preciso, con algún miembro del personal del llamado catering para dar la impresión de estar a gusto y perfectamente integrado en el ambiente".

"Por último, hay una modalidad extrema que no por excéntrica deja de ser efectiva y que, según el caso, resulta muy aconsejable para la propia sobrevivencia. Me refiero a la táctica llamada 'de los diez minutos', muy eficaz, que consiste en entrar resueltamente y con absoluta puntualidad al cóctel, buscar al anfitrión y si es necesario también al agasajado, efectuar con efusividad los parabienes de rigor, y enseguida dar dos o tres vueltas al recinto para asegurarse que uno ha sido visto por la concurrencia, para luego desaparecer discretamente al cabo de diez minutos..."

"De todas maneras, ninguna de estas tácticas es del todo fiable. El único modo seguro de quedar libre de los inconvenientes, tribulaciones y trastornos secundarios que suelen ocasionar los cócteles literarios y, a todas luces, el procedimiento más recomendable para la buena salud espiritual de uno mismo, es no asistir, sobre todo cuando no se tiene ninguna necesidad de ello".

1 comentario:

Anónimo dijo...

exactamente todo lo que hago yo, despues de morfar lo que haya.
Los mismos comportamientos se dan en todos los lugares.
Guille