martes, 31 de julio de 2007

Nueva ola de muertos

Los famosos son así, parecen morirse de a varios juntos. Ayer Bergman y Michel Serrault, hoy a la matina un tano que en su época fue capo di tutti capi: Michelangelo Antonioni, y acá se me pianta un lagrimón... Hace poco vi El eclipse en la edición de Criterion, imposible no pensar "qué clara que la tenía este tipo". Después le agarró la onda internacional y empezó a circular al borde del bodrio (y a veces se caía dentro), pero esos años italianos, fines de los '50, principios de los '60, ah señor... Las películas con Mónica Vitti, ese ratoncito sensible, adorable e histérico. Antonioni, como Bergman y Godard, sabía que para bancarse una película con pretensiones no hay nada como plantarle al espectador un minón, en lo posible joven y desconocida, para engatusarlo. En los últimos años había claudicado y directamente ponía modelos; ciertamente Inés Sastre hablando de filosofía en Más allá de las nubes era el ridículo en pleno. Pero en el libro de relatos Más allá de las nubes, editado por Mondadori y que no hace mucho se veía a 3 pesos por avenida Corrientes, se notaba que el tipo, postrado y todo, no había perdido la lucidez (de ahí salieron los episodios de esa película y el suyo en el colectivo Eros, otro semi-bodrio). En fin, Michelangelo, genio que entendiste a las minas como nadie, te saludo.

Y recomiendo algunas pelis para el que se quiera asomar:
De Bergman: Escenas de un matrimonio y su continuación Saraband, la intimidad de una pareja, los trapos sucios. Bergman tiene un costado metafísico que me embola, obviamente ahí también era un capo, pero me gusta más cuando se mete en las cosas del corazón.

Con Michel Serrault: una peli de los '90 de Claude Sautet llamada El placer de estar contigo (hoy las necrológicas la citan por su título original, "Nelly y monsieur Arnaud", pero se estrenó en Argentina con aquél). El viejo Serrault necesita una secretaria, se consigue a Emmanuelle Béart que se acaba de separar, todo muy educado, miraditas, no pasa nada pero pasa todo.

De Antonioni: no dejar de ver La aventura, La noche, El eclipse y El desierto rojo, su primera película en colores. Pelis engañosas, que parecen no tener final, en realidad terminan cuando llegan a un "punto de acumulación de significado" (no me acuerdo quién lo dijo pero me gusta la idea). Hay que verlas sin miedo, entregarse porque vale la pena: como en la vida, lo que importa no es la meta sino el camino. Tano hijo de puta, cómo te voy a extrañar.

1 comentario:

Roberto dijo...

De Antonioni no vi mucho, pero entre lo poco está "Zabriskie Point" y me pareció increíble. La explosión de la casa burguesa, filmada con veinte cámaras de alta velocidad, pasada en cámara lenta y musicalizada con Floyd, es... cómo decirte... subyugante.