martes, 14 de agosto de 2007

Consejos centenarios

Entre los textos recuperados de Francis Scott Fitzgerald, autor de El gran Gatsby y Suave es la noche, se encuentra esta carta donde aconseja a su hermana menor Annabel para que resulte más popular entre los varones. Ella tenía 14 años y él 19. La carta inspiró luego uno de sus mejores cuentos, "Berenice se corta el pelo". Es de 1915, pero algunos consejos suenan muy bien hoy.

El tema general de conversación

La conversación, como la gracia, es un arte que se cultiva. Sólo a muy pocos les surge naturalmente. Como sabes, la conversación no es tu fuerte, y muy naturalmente podrías preguntar, "¿de qué le gusta hablar a los muchachos?"

1. A los muchachos les gusta hablar de sí mismos, mucho más que a las chicas. Una joven que alguna vez se llamó Helen Walcott me decía -y fue la debutante más popular de Washington un invierno- que ni bien conseguía que un hombre empezara a hablar de sí mismo, lo tenía cinchado y con arnés; se entregaban solos. Estos son algunos recursos que puede emplear una chica.

a) Bailas mucho mejor que el año pasado.

b) ¿Por qué no me das esa corbata cuando te canses de usarla?

c) ¡Qué pestañas más largas! (Esto los pone incómodos, pero les gusta)

d) Me hablaron de tu labia...

e) Bueno, ¿cuál es tu último flechazo?

Evita

a) ¿Cuándo vuelves al colegio?

b) ¿Cuánto tiempo estuviste en casa?

c) Hace calor, o "qué buena la orquesta", o "qué buena la pista". Evita también toda conversacion sobre parientes o amistades mutuas. Preguntarle a Jack Allen sobre Harriette o a Tuby sobre Martha es una señal segura de que la conversación te cuesta. No le tengas miedo al slang (puedes usarlo, pero cuida de usar lo último y más gracioso, como "labia", "sanata", etc.) Nunca le hables a un muchacho de su colegio o facultad, a menos que haya hecho algo especial o que sea él quien saque el tema. En una conversación siempre es bueno empezar hablando de vaguedades; un poco de sanata, nada más. Pero empieza tú, nunca dejes que empiece el muchacho: No hables de tu colegio, no importa adonde vayas. No cantes nunca, por más grande que sea el coro.

2. Cuando seas un poco más grande verás que a los muchachos les gusta hablar de cosas como fumar y tomar. Sé siempre muy liberal (odian a las remilgadas). Diles que no objetas que una chica fume, pero que personalmente no te gusta el cigarrillo. Diles que solamente fumas cigarros (¡embrómalos!). Cuando seas mayor deberás además tener siempre alguna opinión que dar sobre lo último en música, libros y obras de teatro. Eso le gusta a más hombres de lo que puedas imaginarte.
Al conversar, simula siempre una absoluta franqueza, pero en realidad sé estrictamente lo franca que quieras ser. Nunca trates de darle a un sujeto la impresión de ser festejada; Ginevra siempre empieza diciendo que es una pobre mujer inadvertida sin ningún pretendiente. Préstale siempre mucha atención al hombre. Si es posible, míralo a los ojos. Nunca muestres aburrimiento. Es terriblemente difícil hacerlo con gracia. Aprende a ser mundana. Recuerda que en toda sociedad nueve de cada diez chicas se casan por dinero y nueve de cada diez hombres son estúpidos.

Del libro de Francis Scott Fitzgerald, Cartas (Beatriz Viterbo, Rosario, 1992).

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