sábado, 1 de septiembre de 2007

Más consejos centenarios

Continúa la carta escrita por Francis Scott Fitzgerald a su hermanita de 14 años, allá por 1915. Primero le había aconsejado de qué hablar en las reuniones. Acá sigue, dándonos una idea de lo difícil que era (¿es?) ser mujer:

Encanto-Porte-Baile-Expresión

1) El encanto depende del porte, la expresión y la conversación; habiendo tratado ya ese factor último y más importante, diré algunas palabras sobre los otros dos.

2) Una joven debe mantenerse erguida. A Margaret Armstrong, la postura desmañada le hizo perder más favores que su falta de belleza. Incluso a Sandy la han criticado por su porte. Cuando cruzas un salón lleno de gente, nueve de cada diez personas te miran y, si caminas erguida y dueña de ti, y muestras un porte atlético y gracioso, la mayoría se fija en eso. En cuanto al baile, es muy importante que te pares bien, y recuerda bailar mucho. Bailarinas como Betty, Grace y Alice se entrenan duro. Alice es una bailarina totalmente autodidacta. A los dieciséis no era mejor que tú, pero ensayó y ensayó. Una bailarina como Elizabeth Clarkson ahuyenta parejas. No puedes ser perezosa. Debes tratar de no cargarle ni un gramo de peso al varón y concentrarse en eso cuanto haga falta para acompañarlo bien. Si hubieras dedicado tiempo a bailar conmigo las veces que te lo pedí, en lugar de tocar el piano, serías una buena bailarina. Louis Ordway le enseñó a Kit el paso enroque un verano, y mientras duró la temporada, la asediaron permanentemente en los bailes. Y bailar cuenta como ninguna otra cosa.

3) La expresión, que se expresión facial, es uno de tus puntos más flojos. Una chica con tus rasgos y a tu edad tiene que tener un control casi perfecto de su cara. Tiene que ser casi como una máscara, para poder dominar perfectamente cualquier expresión o impresión de la que quiera sacar ventaja.

a) Es absolutamente necesaria una buena sonrisa, que pueda además manejarse a voluntad. Tú sonríes de un solo lado, lo cual está absolutamente mal. Párate delante del espejo y practica hasta lograr una buena sonrisa. En el vocabulario facial de toda joven debe haber una sonrisa radiante. Practícala, con amigas, con la familia. Practica hacerla cuando no estés contenta y cuando estés aburrida. Cuando estés incómoda, cuando tengas algún inconveniente. Son esos los momentos en que deberás usarla en sociedad, y sólo después de haberla practicado en frío le tendrás confianza como un buen arma en situaciones difíciles.

b) La risa no es tan importante, pero conviene tener una buena de reserva. Tu risa natural es muy buena, pero la artificial es malísima. La próxima vez que te rías naturalmente, recuérdala y practica, para que puedas repetirla cuando quieras. Practica en donde sea.

c) Algo que toda joven debe tener es una mirada patética, atrayente. Sandra y Ginevra son especialistas en eso; también Ardita. Lo mejor es abrir grandes los ojos y entreabrir un poco la boca, mirando hacia arriba (suspendiendo un poco la cabeza), directo a los ojos del hombre al que le estás hablando. Ginevra y Sandra usan eso cuando sueltan su parlamento "Soy tan poco popular"; de hecho, lo usan casi la mitad del tiempo. Practícalo.

d) No te muerdas ni retuerzas los labios: es la muerte segura para cualquier expresión.

e) Las dos expresiones que actualmente controlas no son buenas. Una es la sonrisa de lado y la otra es la mirada pensativa con los ojos semicerrados.

Te digo esto porque mamá y yo no tenemos absolutamente ningún control sobre nuestras expresiones faciales, y nos hace falta. Mamá es peor que yo. Sabes cómo se aprovecha la gente de cualquier humor que revele su cara y le embroman la vida. Bueno, tú eres lo bastante joven como para superar eso, aunque estás peor que yo en este momento. El valor de esta práctica es que cuando estás en desventaja no lo dejas ver; los muchachos odian ver a una chica en una situación desfavorable.

Practica ya mismo.

Del libro Cartas de Francis Scott Fitzgerald, Beatriz Viterbo Editora, Rosario, 1992.

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