miércoles, 14 de noviembre de 2007

Estudiantes calentones

En el videoclub tienen un estante muy a la vista con pelis de un género reciente, las "películas con Audrey Tatou". Parece que Amélie tiende a reincidir en la comedia romántica o "romántica a secas", un género habitualmente sospechoso. Pero me llevé una agradable sorpresa con dos títulos que la tienen como personaje secundario: Piso compartido (L'auberge espagnole, 2002) y Las muñecas rusas (Les poupées rousses, 2004).

Ambas dirigidas por el franchute Cédric Klapisch, y continuación una de la otra, son básicamente comedias sobre veinteañeros universitarios y su paralelo aprendizaje en la universidad de la calle. En la primera, Piso compartido, se conocen al amucharse en un departamento de Barcelona para ahorrar alquiler: hay un danés, un italiano, el francés protagonista (Romain Duris) y tres chicas, una inglesa, una española y una belga que resulta ser lesbiana (Cécile de France). La peli es un racconto de anécdotas grupales y de algunos de los personajes por separado. Xavier/Duris, por ejemplo, se hizo amigo de unos franceses recién casados y el marido, muy ocupado, le encarga a la mujer (Judith Godrèche) para que la pasee por la ciudad. Cada tanto recibe la visita de su novia Tatou, celosa porque es obvio que el flaco la está pasando bárbaro. En fin, muchos ratones desfilando y situaciones que más de uno ha vivido en esa época de torpezas, revoltijo y calentamientos varios.

En Las muñecas rusas ya pasó un tiempo, Duris se ha recibido y hace laburos periodísticos mientras se da ánimo para escribir algo más duradero. Acá hay menos personajes y la historia de amor es más convencional, pero vuelve a la palestra la inglesa Wendy, que no es otra que la bailarina más linda de Mrs. Henderson presenta. La actriz se llama Kelly Reilly y su cambio físico entre las dos películas de Klapisch es notorio. A pesar de su cara de cervatillo, Wendy no es ninguna tonta y tanto ella como los demás están lejos del estereotipo. Vuelve también su hermano William, uno de los personajes más entrañables de la primera, el clásico hinchapelotas tan divertido que dan ganas de matarlo. Un signo de que la película es buena: uno recuerda enseguida y por largo tiempo los nombres de los personajes.

En fin, que la pasé muy bien con estos devedeses y los recomiendo.

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