domingo, 2 de diciembre de 2007

Histéricas no


En Hipercrítico, Cicco se mandó una nota comparando a la Coca Sarli con Nicole Neuman. Por supuesto, gana la Coca que representa a la "querendona", en los términos de la nota, mientras que Nicole es la "histérica". No es nada del otro mundo, pero termina con un interesante comentario sobre cuánto mejor sería el mundo sin histéricas. Transcribo:

"Más mujeres querendonas –una especie, como usted deducirá, en peligro de extinción- reportarían beneficios importantísimos para la humanidad. Si hay más mujeres querendonas, por lo tanto, hay hombres más y mejor cogidos. Como todo el mundo sabe, coger no sólo trae hijos a este planeta, también trae una rara sensación de paz y plenitud. Le podrá ir mal en otras áreas de la vida. Lo podrán asaltar. Torturarlo con alfileres. Su jefe podrá decirle que es un idiota y quizás con mucha razón. Lo podrán pisar en el bondi, manosear en el subte, patear en la cancha. Pero, si todo eso va acompañado de una copita de buen sexo, el paraíso es suyo. Por eso, siguiendo la ecuación, más mujeres querendonas, equivaldría a más hombres plenos, en paz y armonía. Piénselo. Por unos segundos hágase la idea. Esto representaría jefes menos hincha pelotas, menos estré######ás happy hours, carnavales más extensos, más playas nudistas. Y los festivales electrónicos y las discos caretonas, estarían deshabitados pues todo el mundo tiene una mejor cosa que hacer: coger.
Por otra parte, imagine las cifras extraordinarias que ahorrarían las mujeres en estar a la moda. Con más chicas querendonas, ya no será necesario ponerse lo último de lo último, pues, a qué hombre le importa una pollerita cuando ha tenido, minutos atrás, un culo entre sus manos. Imagine a Ricky Zarckany, vendiendo en Once a dos pesos el par. Una escena deliciosa. Pero las marcas, el marketing de la vida precisa de las mujeres histéricas como Nicole. Este es el eslabón perdido del acabose, el trampolín donde la humanidad salta y se pega un palo en la pileta vacía. La mujer histérica lo complica todo. Obliga al hombre a vestirse bien. A decir pavadas. A ser quien no es. Pero ahí está la Coca. Blanca y radiante. Yo la tengo en lo más alto de mi altar de ídolos. Y rezo para que un día, en toda su bondad, nos envuelva a todos en sus tetas y nos lleve a un mundo mejor".

La nota completa, acá.

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