domingo, 16 de marzo de 2008

Recitales VIP


Anoche fui a ver a Dylan en la cancha de Vélez. Hacía mucho que no iba a un recital grande. Será por eso que me sorprendió la profundidad de la división de clases entre espectadores, una cosa obscena que me parece refleja la "prosperidad para pocos" que vive nuestro país neopobre.
Todo empezó cuando fui a Yenny de Florida a comprar la entrada. Siempre compro campo porque me gusta moverme un poco, se está más cerca y se escucha mejor. Delante mío había un par de oficinistas apesadumbrados porque no había entradas. Me asusté un momento antes de avivarme de que estaban sacando para Rod Stewart. Y que lo agotado no era el campo (ahora en realidad "campo raso"), sino las nuevas sillas VIP que ahora ponen frente al escenario, y que no bajan de los 200 mangos. Los muchachos terminaron comprando campo con cara de "nos cagaron", aunque se habian ahorrado unos buenos morlacos.
Pienso en los recitales a los que fui en los años '90, cuando la idea de poner sillas delante de 80 mil pibes descontrolados hubiera sido risible, por no decir suicida para los que se sentaban en esas sillas. En el '89 Prince hizo poner un corralito para que no hubiera avalanchas y terminamos todos saltándolo para apretujarnos frente al escenario. Capaz que por eso se rajó antes: debe haberse asustado.
Anoche era todo muy distinto. El campo parecía lleno hasta que uno, avanzando para ver mejor, se encontraba con la valla que separaba el campo raso del "sector VIP". Las sillas llegaban hasta atrás del mangrullo, es decir media cancha por lo menos. Detrás estábamos ensardinados los rockerones de siempre. Delante, una nueva clase que había llegado en auto y no largaba el celular mientras se sentaba en unas sillas negras de plástico (muy berretas por cierto). El nuevo VIPismo hasta cambió el espectáculo en las inmediaciones del estadio: en vez de calles llenas de pibes saltando y cantando, ahora se veía a trapitos lugareños orientando a los autos que llegaban. De ellos bajaban minas vestidas como si fueran a un desfile en Punta del Este. Todo muy extraño.
No vi cifras en el diario, pero en Vélez no habia más de 20 mil personas. Las plateas estaban más vacías que llenas, y el campo como dije era pura sillita. Las pantallas ahora estaban en el mangrullo, lo que sumado a la distancia hacía que terminaras viendo todo el recital en video, porque ni en puntas de pie divisabas un sorongo. Dylan igual un lujo, aunque tiene la voz hecha mierda y los temas viejos más que cantarlos los habla, parece Charly. Entre los temas cambiados de tono y lo difícil que es acordarse una letra entera de Dylan, más los pechofríos del VIP, debe haber sido el recital más tranquilo que vi en mi vida: nadie cantaba ni gritaba ni protestaba ni se desmayaba. Y casi nadie estaba... La fiesta de la reactivación rockera argentina es para pocos.