viernes, 3 de julio de 2009

In the oven


Se levantó temprano, sacó el auto y llegó nueve menos diez a la farmacia. Ya había cinco personas esperando. Nueve en punto abrieron y enseguida avisaron que por "elementos para prevención de la gripe A" tenían que esperar a que desempacaran el pedido. Unos quince minutos después los fueron llamando al mostrador.
Compró 3 frascos de gel con alcohol etílico y 8 barbijos N 95, de triple hilado. También un par de frascos de alcohol líquido, de medio litro. Los guantes quirúrgicos venían en un solo tamaño, preguntó pero infantiles no había: llevó 4 grandes. Preguntó si había suplementos dietarios con zinc o selenio, porque había leído que eran inmunizantes. Le dieron un frasco de nombre impronunciable. También llevó dos termómetros. Tamiflú no había, pero si todo iba bien no iba a necesitar.
El empleado colocó todo en una bolsa de papel de apariencia estéril, como las que dan en los aviones, con el logotipo de la farmacia. Eran 192 pesos. Metió la mano en el bolsillo y palpó los billetes, algunos de los cuales llevaban allí varios días. Eligió dos de cien y uno de dos, viejito, al tacto parecía de tela. El empleado le devolvió uno de diez, algo pringoso y húmedo. Al guardarlo se secó la mano frotándola dentro del bolsillo.
De vuelta en el primer semáforo se escarbó la nariz, parecía que el dedo le iba a salir por el ojo.

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